sábado, 13 de diciembre de 2025

[732] Los trenes de cercanías

El salto de un tren convencional con demanda a la alta velocidad se entiende rápido: Tiempo, competitividad, cohesión. Es una decisión visible, medible y políticamente agradecida.
Más complejo es explicar por qué reutilizar una línea sin demanda para cercanías también genera valor. Ahí no hay récords de velocidad ni inauguraciones solemnes, pero sí algo más profundo: Utilidad cotidiana.
Reactivar una infraestructura existente es poner a trabajar el capital ya invertido. Es reducir costes de implantación. acortar plazos y minimizar impactos ambientales.
Es transformar una línea muerta en un servicio de proximidad que conecta barrios, municipios y áreas productivas con una lógica diaria, no excepcional.
Además, el tren de cercanías ordena el territorio. Favorece la movilidad no motorizada, refuerza centralidades locales, fija población y hace viable un urbanismo menos disperso. No cose a base de grandes infraestructuras, sino con puntadas finas, continuas y resistentes.
No es un modelo de grandes titulares, sino de rendimiento acumulado. Funciona porque se usa, no porque deslumbra. Y eso, en un contexto de recursos limitados y emergencia climática, es una virtud estratégica.
En Europa a esto se le llama sostenibilidad operativa: Sacar más partido a lo que ya existe, gastar menos energía en empezar de cero y más en mantener lo que sirve.
Menos cortar cintas. Más hacer que las cosas funcionen, todos los días.

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