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En los ayuntamientos el urbanismo no es solo una cuestión normativa ni únicamente un asunto político. Es, sobre todo, un espacio donde las decisiones públicas se encuentran con la realidad física de la ciudad.
Cada decisión urbanística, una licencia relevante, la ordenación de un ámbito, la transformación de un barrio o la interpretación de una norma, tiene efectos que pueden perdurar durante décadas. Por eso el urbanismo municipal exige algo más que tramitación administrativa: exige criterio técnico sobre la ciudad.
En ese punto aparece una relación que resulta decisiva para la calidad de las decisiones urbanísticas: la relación entre el responsable político, concejal de urbanismo o alcalde, y el arquitecto municipal.
El político define las prioridades públicas y asume la responsabilidad de las decisiones. Pero para entender realmente las implicaciones territoriales de esas decisiones necesita apoyarse en conocimiento técnico. No solo en términos jurídicos o procedimentales, sino en términos urbanos.
Ahí es donde el arquitecto municipal desempeña un papel singular.
En muchos ayuntamientos es el profesional que mejor conoce la estructura urbana del municipio: su planeamiento, la evolución de sus barrios, las tensiones del territorio, las oportunidades de transformación y los límites que la ciudad impone a determinadas decisiones.
La obtención de una posición sólida del arquitecto dentro del organigrama municipal tiene que ver más con la calidad y fortaleza de sus valoraciones urbanísticas que con una cuestión meramente corporativa
Ese conocimiento acumulado convierte al arquitecto municipal en uno de los principales apoyos técnicos de los responsables políticos cuando se trata de pensar la ciudad.
Cuando esta relación funciona bien, el urbanismo municipal gana en coherencia. Las decisiones políticas se apoyan en análisis técnico y la ciudad evoluciona con mayor equilibrio.
Cuando ese diálogo se debilita, el urbanismo corre el riesgo de convertirse en un sistema de expedientes administrativos o, en el extremo contrario, en decisiones políticas poco apoyadas en conocimiento real del territorio.
La ciudad que finalmente se construye es la que resulta de la interacción entre decisiones políticas y criterio técnico
El trabajo del arquitecto municipal se desarrolla también dentro de equipos técnicos municipales en los que intervienen distintos perfiles profesionales. Entre ellos destacan los habilitados nacionales que desempeñan un papel esencial garantizando la legalidad y la correcta tramitación de los procedimientos.
Pero mientras ellos aseguran la seguridad jurídica del sistema, el arquitecto municipal aporta algo distinto y complementario: criterio técnico sobre la ciudad.
La obtención de una posición sólida del arquitecto dentro del organigrama municipal tiene que ver más con la calidad y fortaleza de sus valoraciones urbanísticas que con una cuestión meramente corporativa. El urbanismo local necesita una referencia técnica clara capaz de dialogar con la responsabilidad política y aportar conocimiento territorial a las decisiones que transforman la ciudad.
Al final, la lógica es sencilla. La ciudad que finalmente se construye nunca es exactamente la que se dibuja en los planes. Es la que resulta de la interacción entre decisiones políticas y criterio técnico.
Y en ese punto de encuentro, el arquitecto municipal sigue siendo una figura clave para que las decisiones sobre la ciudad sean también decisiones urbanísticamente inteligentes.
Rafael González Millán. Presidente de la UAAAP/CSCAE





