Llegará un día en el que la integración de la energía en la ciudad dejará de ser un problema. Y no será porque hayamos aprendido a aceptar mejor los paneles visibles… sino porque ya no será necesario verlos.
La energía no se instalará. Se construirá.
Los cascos históricos podrán generar energía sin renunciar a su identidad
Las cubiertas seguirán teniendo la misma pendiente, la misma textura, la misma materialidad que conocemos hoy. Pero, además, generarán electricidad. Sin alterar la imagen urbana. Sin conflicto con el entorno. Sin fricción normativa. Ese será el verdadero punto de inflexión.
Cuando los elementos constructivos incorporen de forma natural la capacidad de producir energía, desaparecerá gran parte del choque histórico entre urbanismo y sostenibilidad. Ya no habrá que justificar excepciones, ni forzar interpretaciones. La generación energética pasará a ser una cualidad intrínseca del edificio, Y entonces cambiará también la forma de gestionar la ciudad.
Las intervenciones sobre cubiertas podrán tramitarse como actuaciones ordinarias, sin tensión entre lo técnico y lo estético. Los ámbitos protegidos dejarán de ser espacios excluidos de la transición energética. Los cascos históricos podrán generar energía sin renunciar a su identidad. No será una cuestión de permitir más, será una cuestión de que ya no habrá nada que impedir.
El objetivo no será colocar más energía en la ciudad. Será que la ciudad, por sí misma, la genere
Pero ese escenario no llegará solo, requerirá decisión, investigación y apuesta tecnológica. Será necesario impulsar el desarrollo de materiales capaces de responder a las exigencias reales de la edificación: durabilidad, estabilidad, mantenimiento y comportamiento fiable a largo plazo.
No bastará con que funcionen en laboratorio. Tendrán que funcionar durante décadas sobre un tejado, por eso, más que una innovación puntual, lo que se necesita es una línea sostenida de investigación aplicada a la construcción. Una convergencia real entre industria, tecnología y arquitectura.
Porque el objetivo no será colocar más energía en la ciudad. Será que la ciudad, por sí misma, la genere, y cuando eso ocurra, la pregunta dejará de ser técnica o normativa, será estructural.
¿Por qué una cubierta no iba a producir energía?
Ese será el momento en el que la transición energética dejará de depender de decisiones excepcionales… y pasará a formar parte de lo cotidiano y ahí es donde habrá que llegar.
Rafael González Millán. Presidente de la UAAAP/CSCAE





