sábado, 11 de abril de 2026

[746] Otra forma de enfocar los retrasos en las tramitaciones urbanísticas

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Ponemos sobre la mesa una comparación incómoda, pero muy reveladora.

Cuando una empresa privada no responde a sus clientes, no simplifica el producto, no reduce controles ni baja el nivel de exigencia. Hace algo mucho más básico: refuerza su estructura para dar mejor servicio, contrata más personal, mejora sus procesos e invierte en capacidad de respuesta. ¿Por qué? Porque sabe que dar buen servicio genera más actividad y más ingresos.

Invertir en personal técnico no es un gasto, sino una palanca de desarrollo económico

En la administración local ocurre justo lo contrario. Ante el aumento de la demanda (más licencias, más complejidad normativa, más responsabilidad), no se refuerzan los equipos; se intenta “compensar” con simplificación, presión sobre los técnicos o reducción de plazos. El resultado ya es conocido en muchos municipios: saturación, inseguridad técnica y retrasos sistemáticos.

Y aquí está la reflexión de fondo:

Si los ayuntamientos pudieran funcionar con lógica de servicio, entenderían que invertir en personal técnico no es un gasto, sino una palanca de desarrollo económico. Más licencias resueltas en plazo significa más actividad económica, más ingresos indirectos, más ciudad.

El problema no es que el sistema sea lento; el problema es que no está dimensionado para la realidad que tiene que gestionar. Está muy bien hablar de autonomía local. Es un principio esencial del sistema, pero hay una realidad que no se puede obviar: la autonomía sin recursos no es autonomía, es un problema.

Si queremos una administración local eficaz, no basta con descentralizar competencias; hay que descentralizar también los medios para ejercerlas

Se atribuyen competencias a los ayuntamientos (urbanismo, licencias, disciplina, planificación…), pero no siempre se acompañan de plantillas suficientes, financiación adecuada y estructuras técnicas estables.

Con esta situación, los resultados son conocidos: retrasos en licencias, inseguridad jurídica, criterios dispares y técnicos desbordados. Y lo más preocupante de todo: se traslada al nivel local una responsabilidad que no puede ejercer en condiciones adecuadas. Esto no es un fallo puntual, es un problema de diseño del sistema.

Si queremos una administración local eficaz, no basta con descentralizar competencias; hay que descentralizar también los medios para ejercerlas. Porque, si no, la autonomía local deja de ser una solución… y se convierte en un caos.

Rafael González Millán. Presidente de la UAAAP/CSCAE

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